Transformo
mi orgullo vacuo
en admiración
por la paz
y la sencillez
de las personas
sabias de verdad.

Transformo
mi orgullo vacuo
en admiración
por la paz
y la sencillez
de las personas
sabias de verdad.
Me siento cercano
a las personas positivas
que hacen mejor la vida
en cualquier circunstancia.
La mirada amable y afectuosa
hace mejores a las personas.
Dispuestos a ayudar,
dispuestos a amar.
Preparados,
listos,
¡ya!
Siempre estoy a punto
para decir cosas agradables
a los demás.
Me recuerdo
una y otra vez
que las personas
tenemos valor,
no precio.
Si siento que no puedo más,
me detengo,
respiro,
pido ayuda,
recuerdo
que todo tiene un sentido,
sigo adelante.
Encuentro tiempo para el descanso,
me doy permiso para descansar
y disfruto del descanso
sin culpabilizarme.
La Vida es valiosa.
Todas las vidas
son valiosas
y dignas de admiración
y respeto.
Me expreso
asertivamente:
con claridad,
sin miedo
y sin agresividad.
Las risas compartidas
con personas amadas
son tesoro de alegría.
La humildad
me da paz,
la generosidad
llena mi corazón
de alegría.
La humildad
me da paz,
la generosidad
llena mi corazón
de alegría.
Cuando decido
en coherencia
con mis valores
me siento libre de espíritu.
Procuro contemplar
los problemas
con perspectiva
para decidir mejor
como afrontarlos.
Me esfuerzo
por alejar de mí
los prejuicios,
y así poder valorar
a las personas
por sus capacidades
y posibilidades.
Extremo la paciencia
en el trato con mi familia:
¡soy muy consciente
de mis propios defectos!
Puedo contar
con mis amigos.
Mis amigos
pueden contar conmigo.
El mundo está lleno
de cosas maravillosas
que vale la pena conocer.
¡Mantengo viva
mi curiosidad
y mi deseo de aprender!