La arrogancia impulsada por la ilusión no solo destruye a quienes te rodean, sino que termina volviéndose en tu contra como un acto de autodestrucción. La ira ciega nunca es justicia, es un veneno que consume al ego.

La arrogancia impulsada por la ilusión no solo destruye a quienes te rodean, sino que termina volviéndose en tu contra como un acto de autodestrucción. La ira ciega nunca es justicia, es un veneno que consume al ego.