Un líder sabio no nombra a sus enemigos ni permite que el veneno ajeno destruya su paz. Lo sostiene en silencio y lo transforma.

Un líder sabio no nombra a sus enemigos ni permite que el veneno ajeno destruya su paz. Lo sostiene en silencio y lo transforma.
Un verdadero líder no pierde su energía nombrando enemigos ni permitiendo que la hostilidad ajena dicte su vida. El perdón y el silencio ante el ataque son las armas definitivas de la maestría interior.
Una mente que no conoce el aburrimiento, un cuerpo inmune al cansancio y una conciencia perpetuamente radiante son el fruto directo de la sincera dedicación de un maestro.