Me esfuerzo
para echar una mano,
para ayudar,
para servir
con generosidad.

Me esfuerzo
para echar una mano,
para ayudar,
para servir
con generosidad.
Mantengo una actitud positiva
y agradezco la alegría
que hallo
a mi alrededor.
Trabajo con constancia,
responsabilidad y convicción…
pero no olvido poner afecto
en todo lo que hago.
Contemplo agradecido el mundo,
las personas y la vida:
¡hay tanto por aprender!
Me esfuerzo por atender,
me esfuerzo por ser refugio.
Reconozco la dignidad
de todas las personas,
porque cada persona
es única,
valiosa
e irrepetible.
Transformo
mi orgullo vacuo
en admiración
por la paz
y la sencillez
de las personas
sabias de verdad.
Me siento cercano
a las personas positivas
que hacen mejor la vida
en cualquier circunstancia.
La mirada amable y afectuosa
hace mejores a las personas.
Dispuestos a ayudar,
dispuestos a amar.
Preparados,
listos,
¡ya!
Siempre estoy a punto
para decir cosas agradables
a los demás.
Me recuerdo
una y otra vez
que las personas
tenemos valor,
no precio.
Si siento que no puedo más,
me detengo,
respiro,
pido ayuda,
recuerdo
que todo tiene un sentido,
sigo adelante.
Encuentro tiempo para el descanso,
me doy permiso para descansar
y disfruto del descanso
sin culpabilizarme.
La Vida es valiosa.
Todas las vidas
son valiosas
y dignas de admiración
y respeto.
Me expreso
asertivamente:
con claridad,
sin miedo
y sin agresividad.
Las risas compartidas
con personas amadas
son tesoro de alegría.
La humildad
me da paz,
la generosidad
llena mi corazón
de alegría.
La humildad
me da paz,
la generosidad
llena mi corazón
de alegría.