A͈̣̤̓̐̕V̜̗̖̤̀͋̎A̖̋́́́̔̒̓D̹̦̎͒̀͋A̤̗̗̦̋́̎ K͈̦̜̓̓́̕Ẹ̣̔̀̈D̛̜̗̜̏Ä͈̹̣̜́͒̓̕V͈̦̐̎́̔̏̕-̩̗̩̗̤̎̓̕
Aunque sea a rastras. — Con la punta del pie contrario se quitó los zapatos y fue directo a la cama de Remus, tirando de las sábanas y de la colcha. Primero se tumba él, dejando hueco a su amigo y le hace un gesto con la mano para que se tumbe a su lado. — Ven.
— No entendía qué le pasaba a su amigo. No era la típica fiebre que solía tener por su condición, ni siquiera tenía mal aspecto. ¿Y si empeoraba? Dejarlo aquí para ir a la enfermería era un riesgo. — No. Me quedaré aquí contigo. Si empeoras, me da igual lo que digas, te llevaré a la enfermería. +
— Hace un gesto con la cabeza, invitándolo a salir de allí. Necesita a James, incluso a Regulus, necesita que alguien que no tenga pájaros en la cabeza, como los tiene él ahora, le ayuden a gestionar esto. Pero últimamente sólo son ellos dos. Remus y él. —
Frena a varios metros de él. Y pese a que afuera esté nublado, seguramente lloviznando, esa sonrisa ilumina los pasillos como ninguna otra antorcha es capaz de hacerlo. Mierda. Esto está mal, muy mal, fatal. — No pienso compartir con nadie nuestro botín. +
— El pelinegro sigue a su amigo, debería estar riendo, divirtiéndose por la travesura que acaban de hacer. Pero no es así. Tiene la mirada clavada en la espalda de Remus. En su campo de visión no entran más estudiantes, fantasmas, ni profesores. Sólo está él. Una preciosa maldición. +
No solo le duele la traición de James, está preocupado por él. — Si necesitas ayuda con algo, puedes preguntarme a mi o a Remus, como hemos hecho siempre. Pero si vas con él… — Echa a andar, con intención de salir de allí, no puede ni terminar la frase. —
No me tomes por estúpido. Es la letra de Regulus. — Sí, de Regulus, no de su hermano. Ya no eran familia y James debería saberlo mejor que ningún otro. — La reconocería en cualquier parte. — Desvía la mirada al suelo, respirando hondo intentando calmarse. +
— Da la vuelta a la cama para cambiarse y acostarse, de espaldas a él, queriendo dar así por terminada la conversación. —
¿Qué tan malo sería, Remus?¿Qué problemas me causarías tu? ¿Y desde cuando me importa lo que los demás piensen de mi? —Baja la voz mientras se quita el abrigo y los zapatos. Cuando habla, suena dolido. Lo está. — Quizá eres tú el que no me conoce a mi. +
Vuelve al sofá, se sienta un rato incluso con el abrigo puesto, con la mirada clavada en el fuego. Y cuando se siente mejor, sube. Busca a Remus, sabe que aun no se ha acostado, no ha pasado tanto rato y si está frustrado, le costará conciliar el sueño. Espera unos segundos, antes de hablar. — +
— Le va tan rápido el pulso que le molesta en los oídos. Aprieta la mandíbula y cuando está a punto de marcharse, cambia de opinión. Se queda quieto en el sitio durante unos segundos. Nota el sudor frío en las manos, la respiración acelerada. Otra vez. Necesita calmarse. +
Y a fin de cuentas, nadie mejor que él mismo para saber cómo se encontraba. — Me quedaré contigo. No es una pregunta. ¿Quieres que llame a James y a Peter? Cuidaremos de ti, como siempre.
— Eso hizo. Se acercó a él y le tocó la frente, después las mejillas con ambas manos. Frunció el ceño preocupado, negando. — ¿Por qué me mientes? No estás bien. — Apretó los labios, porque su amigo era tan cabezón que se negaría a ir a la enfermería por mas que insistiera. +
Cómo se le aceleró la otra noche en la casa común. — …mierda — Cierra los párpados con fuerza y niega. No puede a echar a perder una amistad por esos sentimientos. Sacude la cabeza y sale corriendo tras Remus. —
— Se queda mirando la espalda de Remus alejarse por el pasillo. Y es en ese momento cuando algo hace clic en su cabeza. Ese instante en el que casi lo besa, porque si, eso es lo que iba a hacer. Aunque ni él era consciente de ello. Cómo se le ha acelerado el corazón. +
Para que no se llevaran una impresión equivocada. — Agarra su abrigo para ponérselo, apoya la mano en la parte de atrás del retrato pero no llega a marcharse. Aun no. — Siento haberte puesto en una situación tan incómoda. Tan sólo quería pasar un buen rato con mi amigo, Remus.
Pero le dolía el pecho, de una forma que jamás había sentido. Dirigió la mirada al sofá, recordando cómo Remus se levantó de él y suspiró. — Al pasar los chicos te has asustado. Lo entiendo, sé qué es lo que la gente piensa de mi y por eso te has querido levantar. +
¡¿Que qué me has hecho?! — Levantarle la voz era lo último que quería. Fue como un horrible deja vù de todas las discusiones que había tenido ese verano. En general con su familia. Cerró los ojos respirando para calmarse. No quería estallar y hacer algo drástico. Remus no se lo merecía. +
— Termina de dar la calada, expulsa despacio el humo y tira la colilla por la ventana. — Justo eso me estaba preguntando yo, James. — Se pone en pie, agarra los apuntes de pociones y se los pone contra el pecho a su amigo. — Aléjate de él.
