Allí, allí, Selene.— Señalaba las escaleras hacia donde se dirigía Kharz.— Va en busca de ella y con suerte la encontrará, y con suerte podremos ver el amanecer. Coen y yo cubriremos sus espaldas.

Allí, allí, Selene.— Señalaba las escaleras hacia donde se dirigía Kharz.— Va en busca de ella y con suerte la encontrará, y con suerte podremos ver el amanecer. Coen y yo cubriremos sus espaldas.
—¡repetid conmigo! ¡Soy un lameculos y un lamebolas de un demonio! ¡WUUUU!
🙄🙄🙄🙄🙄
—¡QUE TE JODAN A TI Y A TU DEMONIO!
+ quien eres.— Sentía el vampiro que la profetisa estaba atravesando un momento de estrés y pánico. Las palabras llegaban dulces y melosas hasta los oídos de ella. Estaba hipnotizándola para ayudarla a recobrar las fuerzas y el coraje que necesitaban todos ahora.
Ah...quizás ahora SI debería intervenir...
[Ha escuchado el llamado del sacerdote y le: toca la moral. Hay algo dentro de él que se retuerce con toda esta oscuridad]
» se inclinó para dejarle un pequeño beso en la frente; desgraciadamente imprimiendo en su oscura piel algo de sangre de chimpancé que previamente había degustado.
—Lo mismo te digo—advierte—como mueras, me aseguraré de traerte de vuelta y matarte yo mismo. Ten cuidado, por favor.
—¡Käthe! ¡Detrás mía!
Ha ido a su lado con una daga en mano.
+ decoraban su cuerpo no se regenerarían con suficiente rapidez.— Hemos de evitar que más criaturas vayan tras sus pasos.— Decía señalando con esas garras al Dragón Rojo.
Era el momento entonces de enseñarle un par de 𝘵𝘳𝘶𝘲𝘶𝘪𝘵𝘰𝘴.
» cuando salgamos de aquí—a cambio, él cogería la poción y se la tomaría. Los efectos curativos serían casi inmediatos—. Käthe creo que está con Jaskier, me ha parecido verlos antes cuando todo se ha ido a la mierda.
+ los términos. Demasiada amabilidad estáis exhibiendo conmigo.
Oh, Regis. Sin duda este es el momento 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰 para eso. Así podrá ver el kit completo de habilidades del vampiro, tal vez pueda aprender uno o dos truquitos de él, luego de tantos años de maestría de las mismas.
Recién acaba de rebanar la cabeza de uno de los últimos monos que estaban dentro del recinto. Sus garras gotean sangre, sin resistirse al impulso de lamérselas con un hambre voraz.
La voz de Irin le hizo girarse, buscándola con la mirada.
—¿Irin?—la llama. ¿Estaría en peligro?
manos quietas y las lágrimas manaban por sus pecosas mejillas, probablemente del impacto de haber permanecido tanto tiempo cortándose para que la magia fluyera de ella. Había arruinado esos preciosos guantes blancos, que ahora no eran más que harapos en sus brazos.
— No sabe Regis si este es un buen o mal momento para que le conozca en esta forma, pero aquí estamos.
Como que Boss. ¿ESTE NO ERA EL BOSS?